
Mi paseo fue muy fructífero; el frescor en la cara, el paisaje, los árboles, casi desnudos, pero bellísimos…aunque una de mis cavilaciones me llevó a recordar que esta mañana me había sentido empequeñecida. Yo misma, porque creo que nadie puede desestimarte, si tu no lo permites. Al comprobar el trabajo que me cuesta comunicarme con los demás, pero por otro lado –una parte de mí- me regañaba por sentirme empequeñecida, más que nada si me pongo a pensar en mi trayectoria personal: sin apenas oportunidad de cursar estudios, he conseguido acceder a un buen puesto de trabajo, en el cual me considero bastante valorada por los jefes y me voy enriqueciendo cada día en el ejercicio de mi profesión culinaria.
Estoy rodeada de gente que me aportan sabiduría, ya que he empezado tarde a ejercer el dominio de la ortografía y estoy centrada en ello, por lo que aún necesito a mi gente, para que corrijan lo que escribo. Bueno, dicho esto, creo que mi mayor virtud es la sinceridad y no tener complejo ante los muchos defectos de los que adolezco. De modo que cada vez que tengo un rato libre, intento ilustrarme leyendo las distintas entradas de vuestros blogs a los que sigo con mucho interés porque siempre me aportan algo exclusivo.
Como os decía al principio, hoy he tenido que salir por la tarde y he cogido el metro; menuda sensación de libertad desprenderme de mi vehículo con los inconvenientes que ello conlleva a la hora de buscar aparcamiento en el centro. Por ello he podido centrar mi atención en el paisaje, en las gentes y he disfrutado de esa soledad escogida por uno mismo que sirve para disfrutar y escuchar al mismo tiempo mis propios pensamientos. Hoy que andamos todos con tanta prisa, cumpliendo unos horarios impuestos y pendientes del reloj sin darnos tiempo al tiempo, he gozado con la oportunidad de pensar hacia dentro y escuchar la vocecilla que nos dice cada día- avancemos un poco más, ¡adelante!- que aceptarse a uno mismo es llegar a valorar a los demás, aunque siempre existan discrepancias y contraste de opiniones, que eso es bueno, tan bueno y reconfortante, como este paseo que me ha brindado el atardecer.






